La concepción de este ático luminoso se basa en unas líneas elegantes y un estilo marcadamente minimalista. El diseño interior prioriza la claridad y el equilibrio, creando un espacio donde la estética y la funcionalidad conviven sin excesos.
La base cromática del proyecto se apoya en los grises y beiges, tonos neutros que unifican los diferentes ambientes. Sobre este lienzo, destacan sutiles notas de color azul y salvia distribuidas a lo largo de toda la estancia. Esta combinación cromática funciona como un hilo conductor que aporta serenidad y belleza, guiando la vista de forma fluida.
El salón está proyectado con tonos claros para captar y multiplicar al máximo la entrada de luz natural. El mobiliario acompaña esta premisa a través de un diseño de líneas sencillas, lo que refuerza la sensación continua de tranquilidad en la zona de estar. Para romper con la predominancia de las formas rectas, se ha optado por incorporar mesas circulares, presentes tanto en el propio salón como en la cocina. Estas geometrías curvas aportan dinamismo al espacio e invitan de manera natural a la conversación.
Por su parte, el comedor respira una elegancia contenida. La iluminación sobre esta área se resuelve con luminarias de líneas muy finas que cumplen su función práctica sin recargar el ambiente. De este modo, el diseño de la luz no distrae la atención, permitiendo que la mesa y las sillas asuman todo el protagonismo visual.
Toda la decoración de la vivienda se caracteriza por ser sencilla y elegante, huyendo de los elementos superfluos. En definitiva, son esos pequeños detalles y los ligeros toques de color los que consiguen dar una personalidad definida a la vivienda, transformando el rigor del minimalismo en un espacio lleno de carácter.
























