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ONDARRETA, reconversión a través del diseño

Acomodada entre el Cantábrico y los campos de manzanos de las tradicionales sidrerías guipuzcoanas, la sede de Ondarreta se sitúa discreta en el polígono industrial de Oiartzun. Su ubicación en un entorno industrial sobrio anticipa de alguna manera el carácter honesto de la compañía. Sin embargo, al cruzar la puerta, la percepción cambia radicalmente y queda claro cada decisión es plenamente consciente: desde los materiales elegidos para la silla en la que nos sentamos hasta el café que nos ofrecen al llegar.

En el interior, trabajo revela un proceso mucho más artesanal del que uno podría imaginar para una firma que viste las sedes internacionales de gigantes como LinkedIn o Microsoft. Al frente se encuentran Nora y Nadia Arratibel, la tercera generación de una familia de ebanistas. Ellas han sabido recoger el testigo de sus padres para transformar una fábrica tradicional en un referente contemporáneo del mobiliario a través de su filosofía de ecodiseño, la calidad y la producción local.

Galardonadas con el Premio Nacional de Diseño 2023, las hermanas Arratibel nos reciben en su espacio para conversar sobre el peso del legado familiar, la valentía de apostar por la pausa en la era de la inmediatez y el valor diferencial de poner siempre a las personas en el centro.

Ondarreta es una empresa con décadas de historia. ¿Cómo gestionáis el equilibrio entre la preservación de un importante legado familiar y la mirada necesaria hacia el futuro?

Vivimos el proyecto con mucho respeto, orgullo y responsabilidad. Valoramos todo lo que se ha hecho antes. Gracias a ello estamos hoy aquí. Pero a la vez queremos y sentimos la responsabilidad de innovar y actualizar la empresa.

Ponemos mimo en todo lo que hacemos, porque creemos que son los pequeños detalles los que marcan la diferencia, especialmente en los tiempos que corren.
Ondarreta ha evolucionado mucho, pero la esencia sigue siendo la misma. Hemos ampliado el equipo y renovado las tecnologías, pero seguimos trabajando con ese respeto por el saber hacer, por la madera y por las materias primas.

Bajo vuestro liderazgo, la compañía atravesó un proceso de reconversión. ¿Por qué elegisteis el diseño como motor de este cambio, en lugar de otros factores como podrían haber sido el precio o el tipo de producto?

En un mundo en el que la oferta de mobiliario es cada vez más abundante y variada, donde el sector busca equilibrio entre producción, distribución y venta, y en el que los clientes están más informados, son menos fieles pero más exigentes, hemos intentado aportar un valor diferencial.

Ese es nuestro gran reto: entender qué podemos aportar al mercado y cómo conectar con él.
Aplicamos la mentalidad “total design” a todo lo que hacemos, más allá del producto en sí. Desde la documentación y el packaging hasta el showroom, los sistemas productivos, los embalajes o la atención a clientes y colaboradores. Queremos ser diferentes en un mundo en el que parece que todo vale.

Tenéis un respeto esencial por los materiales, algo que caracteriza a otras empresas de la zona. Desde un punto de vista empresarial, ¿qué valor diferencial consideráis que aporta este rigor a Ondarreta?

Hace más de una década incorporamos el ecodiseño a nuestros productos. Fue una época en la que también nadábamos algo a contracorriente. Eran tiempos malos en los que parecía que la fabricación en China era la salida. Sin embargo, nosotras teníamos clara una cosa: queríamos apostar por la calidad, la producción local y el uso de materiales de proximidad, una filosofía que nos inculcaron desde pequeñas. El resultado son piezas pensadas para acompañar a nuestros clientes durante décadas.

En los últimos años habéis ejecutado proyectos de gran escala como las oficinas de LinkedIn o Microsoft. ¿Cómo se enfoca un proyecto de esas dimensiones? ¿Es diferente a trabajar en espacios más reducidos o más íntimos o la esencia es la misma?

Un producto de Ondarreta puede vestir un apartamento, el lobby de un hotel o una oficina de coworking. Por supuesto, hay espacios más emblemáticos que otros, pero donde mejor nos sentimos es cuando hemos contribuido a mejorar el entorno que acoge nuestras piezas, sea cual sea su escala. Si conseguimos arrancar una sonrisa a quien utiliza ese espacio, hemos cumplido nuestro objetivo.

La sostenibilidad tiene un peso importante en vuestra empresa. ¿En qué momento decidís apostar por políticas como el km0? ¿Es fruto de una convicción personal o una manera de adaptaros al mercado?

Nuestros padres, fueron quienes nos inculcaron el respeto por el saber hacer, por la madera y por las materias primas.

Que la sostenibilidad esté en el epicentro de lo que hacemos responde a una convicción personal. Además, contamos con proveedores de proximidad con los que colaboramos desde hace décadas. Es nuestra manera de estar en el mercado.

Desde el origen de la materia hasta el final de su vida útil, cada pieza se desarrolla siguiendo altos estándares de calidad y programas de reducción de consumo. Seguimos evolucionando y buscando cómo minimizar nuestro impacto ambiental.

Creemos en la fabricación local, en el origen de las materias primas y en cuidar nuestro entorno también desde el punto de vista social. Es nuestra forma de respetar las raíces y nuestro legado. Ser coherentes ante tanta rapidez e inmediatez a veces no resulta fácil pero también queremos aportar en este sentido. Es importante que todos analicemos de dónde vienen las cosas. Todo no puede valer.

Vuestra apuesta por los materiales, el diseño y la artesanía transmite una sensación de pausa que se percibe en cada pieza. ¿Sentís que nadáis a contracorriente en un mundo marcado por la inmediatez?

Gracias por el halago. Más que seguir tendencias estéticas efímeras, queremos que sea nuestra mentalidad la que destaque en cada diseño.

A veces resulta difícil competir con la inmediatez, pero contamos con fortalezas como la flexibilidad y la capacidad de personalización, que nos permiten seguir siendo relevantes.
Tomamos nota que el mundo ya no será predecible. El entorno ya no es un lugar estable. Nos tomamos esto como una oportunidad para actuar desde una manera más genuina, más humana.

Recibisteis el Premio Nacional de Diseño 2023, ¿de qué forma ha impactado este reconocimiento en la empresa? ¿Lo interpretáis como una validación de vuestra apuesta?

Fue muy especial recibir ese reconocimiento, sobre todo por nuestros padres, ya que pone en valor el trabajo que hicieron para llevar Ondarreta hasta donde está hoy.

Supuso una confirmación de que el camino que estamos recorriendo tiene sentido. Y nos dio fuerza para seguir adelante, para no parar a pesar de todo.

Ondarreta es una empresa liderada por mujeres. ¿Creéis que esta mirada ha influido en vuestra forma de entender el diseño y la gestión, aportando un enfoque diferente dentro del sector?

No sé si por ser mujeres especialmente… pero sí por nuestro carácter y espíritu crítico. Somos nietas de ebanistas, hemos nacido en este mundo y hemos querido aportar nuestro granito de arena a la Colección que mostramos al mundo pero también a cómo hacemos las cosas.

Tenemos un reto importante, sin descuidar lo conseguido, queremos cuidar la manera como producimos y distribuimos nuestros muebles. Encontrar coherencia y equilibrio en nuestra oferta cuidando el medio ambiente es nuestra misión principal.

El medio define nuestros sentimientos, nuestra actitud y hasta nuestros pensamientos.

La cultura no se escribe en los manuales, sino en las relaciones. No hay estructura que sostenga una organización si las personas no sienten seguridad, sentido y cuidado. Apostar por lo humano es más que un discurso: es una decisión estratégica.

Creemos firmemente que en contextos de ambigüedad, las empresas que escuchan, que comunican con transparencia y que confían en su gente, son las que responden con mayor agilidad.