Luca Fuso encarna la pasión y la visión estratégica que han convertido a esta firma en un icono del diseño internacional. Con más de un siglo de historia a sus espaldas, Cassina no solo produce mobiliario, sino que crea auténtica cultura material, capaz de dialogar con el pasado y proyectarse hacia el futuro. Bajo el liderazgo de Fuso, la marca italiana refuerza su papel como guardiana de un patrimonio único y, al mismo tiempo, se abre a la innovación, la experimentación y la sostenibilidad. Desde Milán, capital mundial del diseño, Cassina defiende una filosofía en la que cada pieza tiene vida propia y se integra en un sistema más amplio, pensado para acompañar a las personas en su manera de habitar. Un equilibrio entre legado y vanguardia que convierte a Cassina en una referencia imprescindible dentro del panorama del diseño contemporáneo.
- Cassina forma parte esencial de la historia del diseño italiano. ¿Qué papel crees que desempeña hoy Milán como capital mundial del diseño y cómo se posiciona Cassina dentro de esa red cultural y estética?
Sin duda, Milán sigue siendo la capital mundial del diseño. El diseño industrial nació aquí, y eso marcó un liderazgo que continúa vigente. Cassina ha sido parte de esa historia desde los años cincuenta, no solo como empresa pionera en introducir el diseño en la industria del mueble, sino también por su carácter internacional. Aunque se la considera un emblema del diseño italiano, Cassina siempre ha trabajado con una mirada global: muchos de nuestros diseñadores más reconocidos son franceses, por ejemplo. Esa apertura cultural ha hecho que la marca sea un referente tanto del diseño italiano como del internacional.
- ¿Cómo valoras el estado actual del mercado del diseño, tanto en Italia como a nivel internacional, dentro de este contexto globalizado?
El diseño ha evolucionado enormemente a lo largo de las décadas. Antes las tendencias duraban más; ahora cambian con mucha más rapidez. Hay más empresas, más diseñadores, más estímulos, y eso hace que la calidad no siempre sea uniforme. En Cassina intentamos mantener el listón lo más alto posible. Nunca hacemos concesiones en el nivel de diseño: cada pieza que creamos está pensada para permanecer en la colección de manera permanente, no como una moda pasajera. Nuestra misión es doble: por un lado, prosperar como empresa comercial; por otro, mantener vivo el valor cultural del diseño. Y eso solo se logra colaborando con diseñadores capaces de interpretar el espíritu de Cassina, aportando su propio estilo sin perder la coherencia con la marca.
- Has afirmado que “Cassina no fabrica muebles: crea cultura material”. ¿Cómo influye esa visión en el desarrollo de una colección o de una pieza concreta?
Cada producto tiene vida propia, pero todos forman parte de un sistema que llamamos The Cassina Perspective, que define nuestra filosofía de diseño. Cassina es única porque posee un patrimonio que abarca más de tres siglos de historia. Tenemos el privilegio de combinar ideas de distintas épocas y culturas en un mismo espacio, lo que nos permite crear ambientes coherentes y, al mismo tiempo, eclécticos. Siempre digo que en Cassina no vendemos un trozo de nuestro showroom: vendemos un trozo de la casa del cliente. Los objetos que llevas a tu hogar deben tener alma y sentido, no ser piezas decorativas sin historia. Nuestro objetivo es ofrecer entornos con identidad, que inspiren y permitan a cada persona construir su propio universo.
- Cassina combina tradición artesanal con innovación tecnológica. ¿Cómo se consigue ese equilibrio entre autenticidad, herencia y modernidad?
Nuestro pasado nos empuja hacia el futuro. Trabajamos constantemente con un pie en los archivos y otro en la experimentación. En cada colección buscamos un diálogo entre piezas históricas —a veces diseñadas hace un siglo— y creaciones completamente nuevas. A veces recuperamos proyectos que nunca llegaron a producirse y los reinterpretamos con la tecnología actual. Un ejemplo es una radio diseñada por Franco Albini en 1938, pensada entre dos placas de cristal. En su momento era imposible de fabricar porque la tecnología no lo permitía; hoy, ochenta años después, hemos podido hacerla realidad. Ese diálogo entre lo que fue concebido y lo que ahora puede materializarse define nuestra manera de avanzar.
- Le Corbusier sigue siendo una figura central en el universo Cassina. ¿Qué representa hoy su legado para la marca y cómo se traduce en una visión del diseño actual?
Le Corbusier, junto con Charlotte Perriand y Pierre Jeanneret, forma parte del alma de Cassina. Su herencia no es solo un archivo de piezas icónicas, sino un conjunto de valores que siguen guiando nuestro trabajo: la búsqueda de la funcionalidad, la pureza formal, la honestidad en los materiales. Mantener vivo ese legado implica reinterpretarlo, situarlo en el presente y hacerlo dialogar con las nuevas generaciones de diseñadores. Cassina no mira al pasado con nostalgia, sino con la intención de proyectarlo hacia el futuro.
- Cassina es reconocida tanto por las colecciones de los maestros del diseño como por su colaboración con diseñadores contemporáneos. ¿Cómo elegís a los nuevos talentos y cómo conviven con esas figuras históricas?
Es un proceso muy meditado. Trabajamos solo con diseñadores externos, pero que comprendan profundamente el ADN de la marca. Nos gusta descubrir voces nuevas, pero con una base cultural sólida. Un ejemplo reciente es la diseñadora Linde Freya Tangelder, que conocimos y apoyamos a través de nuestro programa Patronage, una iniciativa que busca dar visibilidad a jóvenes creadores con talento, igual que Cassina hizo en los años sesenta con Mario Bellini, Tobia Scarpa o Gaetano Pesce cuando tenían apenas 25 años. Cuando contactamos con Linde Freya, no se lo creía: era joven, con un estilo personal y mucho potencial. Hoy, su trabajo convive con piezas de Le Corbusier o Joe Colombo en un mismo ambiente, algo impensable para muchos diseñadores emergentes. Pero eso es Cassina: un lugar donde lo nuevo y lo clásico se encuentran de manera natural.
- En los últimos años, el modo de presentar las marcas en eventos internacionales ha cambiado mucho. En tu experiencia, ¿sigue siendo el producto el centro o ahora se habla más de atmósferas, emociones y experiencias?
Todo ha evolucionado, igual que la sociedad. El Salone del Mobile nació en 1961, y basta pensar en cómo era el mundo entonces y cómo es hoy para entender el cambio. El diseño refleja nuestra forma de vivir, y al transformarse la vida doméstica, también se transforma la manera de exponer y de comunicar el producto. Hoy existe un equilibrio muy interesante entre lo que sucede dentro de la feria y lo que ocurre fuera, en la ciudad. La experiencia ha pasado a ser tan importante como el objeto. Nosotros tenemos nuestro showroom en Via Durini desde 1968, y es allí donde representamos el espíritu de The Cassina Perspective.
- Este año habéis celebrado el 60º aniversario de la colección Le Corbusier–Jeanneret–Perriand con una instalación muy especial. ¿Podrías contarnos más?
Sí, quisimos celebrar ese aniversario de una manera distinta. Creamos una instalación llamada Staging Modernity, una performance teatral que reinterpretaba la modernidad desde la mirada actual. La colección, nacida en 1928, fue una ruptura total con la tradición del mobiliario. Casi un siglo después, quisimos mostrarla en diálogo con la naturaleza, con el entorno y con la música. Trabajamos con el estudio Forma Fantasma y con el director teatral Fabio Cherstich. Se combinaron textos de filósofos, arquitectos y pensadores, convertidos en música y movimiento. En escena, los objetos convivían con performers y con elementos naturales, generando una reflexión poética sobre el tiempo y la evolución del diseño.
- Vivimos una época en la que el diseño se cruza con la tecnología, la sostenibilidad y nuevas formas de habitar. ¿Cuáles crees que son las principales oportunidades para Cassina en este contexto?
Nuestra oportunidad es seguir haciendo lo que mejor sabemos hacer: investigar, experimentar y abrir nuevos caminos. En los últimos años hemos entrado en áreas en las que antes no estábamos, como el outdoor, la iluminación o los accesorios. Ahora estamos explorando también el mobiliario para espacios comerciales, con piezas certificadas para uso intensivo pero con la misma calidad y diseño que en el ámbito residencial.
- En 2024, Cassina adquirió Zanotta y, paralelamente, se creó la Haworth Lifestyle Design Division, que reúne a Cassina, Karakter, Zanotta y Cappellini bajo tu dirección. ¿Qué implicaciones tiene esta nueva estructura para el grupo y qué objetivos persigue?
La creación de la Haworth Lifestyle Design Division responde al deseo del grupo Haworth de reforzar las sinergias entre marcas afines, pero siempre preservando la identidad y el valor específico de cada una. Cassina, Zanotta, Cappellini y Karakter comparten una visión cultural del diseño, aunque cada una posee su propio lenguaje y herencia. Esta nueva organización nos permite colaborar de forma más estrecha, compartir recursos estratégicos y fortalecer nuestra presencia internacional, sin perder lo que hace únicas a las marcas.
- Tu carrera profesional incluye experiencias en sectores tan distintos como la moda o la automoción, en empresas como Diesel o Ferrari. ¿Qué aprendizajes has trasladado al mundo del diseño y cómo han influido en tu forma de dirigir Cassina?
Todas mis experiencias anteriores han influido en mi manera de gestionar, pero lo más importante para dirigir una empresa de diseño no son solo las habilidades de gestión, sino el amor por el propio diseño. Este no es un trabajo que pueda hacerse de forma mecánica o simplemente por ambición: requiere una pasión auténtica. He trabajado en muchos sectores, pero el diseño siempre ha sido una constante en mi vida. De hecho, cuando llegué a Cassina sentí que estaba volviendo a casa: crecí rodeado de piezas de la marca. Por eso, más allá de la experiencia profesional, lo esencial es tener una conexión emocional con lo que haces. El diseño no es banca, ni finanzas, ni automoción, ni moda, aunque comparte con estos sectores el sentido de la excelencia. Es un territorio más íntimo, más humano, que necesita sensibilidad y compromiso. Si no amas el diseño, no puedes comprender del todo su profundidad ni su capacidad de cambiar la forma en que vivimos.


